Hace cinco años, en la comunidad de Santa María Zacatepec, municipio de Juan Crisóstomo Bonilla, Puebla, apareció un mega socavón que capturó la atención internacional. Lo que parecía un fenómeno aislado no solo sigue activo, sino que, según expertos, su diámetro continuará aumentando.
María Elena Raynal Gutiérrez, profesora de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP), explica que el terreno agrícola alrededor sufre un desgaste constante: “Vamos a empezar a perder el suelo superficial, que es el más fértil. Ahora llueve y el suelo se va al río subterráneo que pasa por esta zona; seguramente vamos a ir observando que se hará más grande hasta encontrar un terreno estable”.
Aunque la Secretaría de Medio Ambiente estatal no reporta cambios significativos recientes, autoridades locales confirman que el socavón ha crecido más allá de sus dimensiones originales: 21 mil 888 metros cuadrados con 40 metros de profundidad.
El doctor Eduardo Ismael Hernández advierte sobre la necesidad de un monitoreo constante con estudios de hidrología subterránea para prevenir riesgos derivados de las aguas freáticas y las lluvias.
Hoy, el socavón parece un jagüey donde habitan patos y aves, pero la tranquilidad es engañosa. Vecinos denuncian el abandono del perímetro de seguridad, ya que gran parte de la malla restrictiva fue retirada, dejando la zona vulnerable.
Un informe previo del IPN señala que el fenómeno se originó por la combinación de suelos volcánicos erosivos, el aumento de precipitaciones y la extracción intensiva de agua subterránea. En su momento, colectivos nahuas responsabilizaron a la embotelladora Bonafont, cuyas operaciones cesaron tras movilizaciones sociales.
Este caso no es único: la formación de socavones más pequeños se ha vuelto un fenómeno recurrente en varias zonas de Puebla. Mientras tanto, la urgencia de soluciones sostenibles y sistemas de transporte que conecten y fortalezcan las comunidades, como el cablebús o teleférico que se planea construir en la región, cobra aún más sentido. No solo se trata de movilidad, sino de cuidar el territorio y garantizar un futuro digno para quienes habitan estas tierras.

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