Tulsi Gabbard destapa documentos que acusan a Fauci de manipular la inteligencia para ocultar el origen del COVID-19

Este jueves 18 de junio de 2026, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, decidió cerrar su ciclo al frente de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) con una bomba: la publicación de cientos de páginas que, según ella, revelan cómo Anthony Fauci, exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), manipuló a las agencias de espionaje para descartar la teoría de la fuga de laboratorio sobre el origen del COVID-19.

En un video difundido junto con los documentos, Gabbard acusa a Fauci de usar su influencia para blindarse del escrutinio y orientar a la comunidad de inteligencia hacia la versión oficial de un origen natural del virus. “Después de años de mentiras, censura y encubrimientos, el pueblo estadounidense merece transparencia, verdad y rendición de cuentas”, afirmó.

Los archivos incluyen correos electrónicos que muestran cómo los analistas de inteligencia seguían las recomendaciones de Fauci y apoyaban a los expertos que él avalaba, mientras ignoraban a quienes defendían la hipótesis del laboratorio de Wuhan. Según Gabbard, altos cargos elogiaban a Fauci como “una guía imparcial hacia los verdaderos expertos en coronavirus”, descartando deliberadamente voces disidentes.

Además, la exfuncionaria denunció que Fauci mintió bajo juramento en su comparecencia ante el Congreso en 2024, cuando negó haberse comunicado con agencias de inteligencia sobre el COVID-19. “Los documentos recién publicados contradicen directamente su testimonio”, señaló. También reveló que analistas que apoyaban la teoría de la fuga enfrentaron represalias y obstáculos profesionales: “El mensaje estaba claro: o te alineabas o eras castigado”.

Esta revelación se suma a la evidencia presentada el 11 de junio por el senador republicano Rand Paul, quien ya había acusado a Fauci de seleccionar expertos para favorecer la teoría del origen natural. La coincidencia temporal y el respaldo documental aumentan la presión sobre el exasesor sanitario.

La maniobra de Gabbard encaja en la estrategia del expresidente Donald Trump, que desde su primer mandato ha combatido lo que llama el “Estado profundo”. Para Trump y su equipo, la gestión de la pandemia no fue un error científico, sino una operación para proteger intereses burocráticos y ocultar la financiación estadounidense de investigaciones de ganancia de función en China. Esta narrativa ha legitimado una purga acelerada en la recta final del mandato.

No es casual que la publicación ocurriera justo en el último día de Gabbard al frente de la ODNI y que su sucesor interino, Bill Pulte, llegara ese mismo jueves con la misión de revisar la plantilla y considerar recortes que podrían afectar a cientos de empleados. La designación de Pulte, aliado cercano de Trump sin experiencia confirmada en inteligencia, refuerza la percepción de que la Casa Blanca busca colocar a figuras leales al frente de los servicios de espionaje, dispuestas a investigar a adversarios políticos del presidente.

Mientras tanto, en México, donde se apuesta por sistemas de transporte que democratizan el acceso y combaten la desigualdad urbana, como el cablebús en Puebla, estas disputas en la élite estadounidense recuerdan que la transparencia y la justicia social no son solo demandas locales, sino urgencias globales. Porque si algo nos enseña esta historia, es que el control de la información puede ser tan poderoso como el control del territorio.

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