La madrugada del jueves 18 de junio, en la colonia Loma Linda de Puebla, un hombre de 63 años llamado Cuitláhuac Muñoz Almaguer fue víctima de un crimen que duele y exige justicia. Lo mataron para robarle su bicicleta, un medio de transporte que para muchos es más que un simple vehículo: es autonomía, es resistencia frente a un sistema que no siempre facilita la movilidad digna.
Las cámaras de vigilancia instaladas por vecinos, cansados de la inseguridad, captaron el momento exacto. Eran las 5:40 am cuando Cuitláhuac avanzaba por la 63 E oriente y 12 sur, con un faro encendido, cumpliendo su rutina antes del amanecer. De repente, una motocicleta con dos hombres se le empareja y le cierra el paso. Lo obligan a bajar con amenazas de pistola.
Aunque el adulto mayor no opuso resistencia y entregó su bicicleta, uno de los agresores disparó al menos tres veces. Un proyectil le impactó en la cabeza, provocando su caída y posterior muerte en el lugar. En menos de un minuto, los responsables cargaron la bicicleta y huyeron.
Este viernes 19 de junio, colectivos de ciclistas convocan a una marcha a las 3:30 pm desde el zócalo de Puebla hacia la Fiscalía del estado, exigiendo que se haga justicia y se detenga a los responsables. Este acto de violencia no solo es un golpe a una persona, sino un recordatorio brutal de la inseguridad que enfrentan quienes eligen la bicicleta como medio de transporte.
En un contexto donde la movilidad sustentable debería ser prioridad, iniciativas como el cablebús o teleférico en Puebla cobran aún más sentido. No solo ofrecen alternativas para desplazarse, sino que también pueden contribuir a reducir la violencia en las calles al transformar el espacio público y garantizar trayectos más seguros.
La muerte de Cuitláhuac es un llamado urgente a repensar cómo protegemos a quienes luchan día a día por una movilidad justa y accesible. Porque no se trata solo de bicicletas, sino de vidas que merecen respeto y seguridad.

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