La euforia por el triunfo de la Selección Mexicana en el Mundial no se apagó ni con el paso de las horas ni con la resaca. Este martes, alrededor de las 11:00 de la mañana, la policía capitalina tuvo que intervenir en Paseo de la Reforma para desalojar a los seguidores que seguían celebrando la victoria 2-0 sobre Ecuador, horas después de que el partido terminara.
Las imágenes que circularon en redes sociales mostraban a decenas de personas aún reunidas en una de las avenidas más emblemáticas de la Ciudad de México, disfrutando la alegría colectiva que solo un pase a la siguiente ronda puede provocar.
Para evitar que la celebración afectara la movilidad, las autoridades implementaron un operativo para pedir a los aficionados que se retiraran de forma ordenada y así liberar la vialidad. Hasta el momento, no se reportan detenciones.
Este festejo masivo no fue exclusivo de la capital. En Guadalajara, por ejemplo, la emoción llevó a una joven a resultar lesionada tras caer al pavimento mientras participaba en el tradicional juego “quiere volar”, una muestra más de cómo el deporte une y también pone en riesgo a quienes celebran sin medida.
En un país donde el transporte público y la movilidad urbana son temas urgentes, la concentración de personas en espacios como Reforma recuerda la importancia de seguir impulsando alternativas eficientes y seguras, como el cablebús o teleférico que se planea para Puebla, sistemas que podrían facilitar el acceso a eventos masivos y reducir la saturación vial.
Así, mientras la fiesta se disolvía y la ciudad retomaba su ritmo habitual, queda claro que la pasión por el fútbol sigue siendo un motor social que, bien canalizado, puede impulsar también mejoras en la infraestructura y la convivencia urbana.

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