Mi patrimonio no se vende: México frena subasta de piezas arqueológicas en París

Este miércoles 24 de junio de 2026, la Secretaría de Cultura federal, encabezada por Claudia Curiel, exigió el retiro inmediato de 33 piezas arqueológicas mexicanas que estaban programadas para subastarse en la casa Millon de París, dentro del evento “Tribal Addiction”.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó que estas piezas forman parte del patrimonio cultural nacional, por lo que su venta violaría las leyes mexicanas de protección de bienes arqueológicos. La secretaria Curiel calificó esta acción como un acto de responsabilidad de Estado para preservar la memoria histórica y la identidad de México bajo el lema “Mi patrimonio no se vende”.

La subasta, organizada por Millon & Associés, incluía 54 lotes con objetos de culturas prehispánicas como la maya, olmeca, teotihuacana, mexica, totonaca y chontal, con un valor estimado de 168 mil euros (más de 3 millones de pesos). Entre las piezas más valiosas destacan una máscara teotihuacana, una estatua totonaca que representa a un jugador de pelota y un hacha doméstica maya.

Este episodio no es aislado. Desde 2018, el gobierno mexicano ha recuperado cerca de 16 mil 500 piezas culturales, enfrentando subastas en ciudades como Nueva York, París y Roma. La campaña “Mi Patrimonio No Se Vende” ha sido clave para intensificar la defensa y repatriación de bienes arqueológicos, combatiendo el tráfico ilícito y las ventas internacionales que despojan a México de su legado.

La movilización institucional de este miércoles refleja la urgencia de proteger la soberanía arqueológica frente a intereses comerciales globales que, sin escrúpulos, intentan lucrar con la historia y cultura de los pueblos originarios. La Secretaría de Cultura hizo un llamado directo a la casa de subastas para que desista de comerciar con estos objetos, recordando que detrás de cada pieza hay una identidad y una memoria colectiva que no puede ni debe ser mercancía.

En un país donde la desigualdad y la pérdida de espacios públicos son constantes, la defensa del patrimonio cultural es también una lucha por la justicia social y el reconocimiento de nuestras raíces. Porque, al final, preservar la historia es preservar la dignidad de quienes somos.

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