A partir de agosto, más de 200 escuelas públicas en Puebla dejarán atrás la comida ultraprocesada para darle espacio a productos locales bajo la marca “Puebla 5 de Mayo”. Esta iniciativa, impulsada por la Secretaría de Desarrollo Económico en coordinación con la SEP y la Secretaría de Salud, busca no solo mejorar la alimentación de los estudiantes, sino también fortalecer la economía de pequeños productores y cooperativas de 56 municipios del estado.
Víctor Gabriel Chedraui, titular de la dependencia, explicó que el programa arrancará como piloto en las principales primarias y centros escolares poblanos, con la intención clara de erradicar la comida chatarra de las cooperativas escolares. En su lugar, se distribuirán alimentos nutritivos y avalados por las autoridades sanitarias, como barras de cereales artesanales, cacahuates y botanas naturales, todos con procesos de profesionalización comercial.
Este miércoles 1 de julio de 2026, durante el cierre de las Jornadas de Salud Escolar “Vida Saludable y Feliz” en la Ciudad de México, el secretario de Educación de Puebla, Manuel Viveros Narciso, presentó los lineamientos y muestras físicas del proyecto al secretario de Educación Pública federal, Mario Delgado Carrillo. La intención es que este modelo alimentario local sirva como referencia para replicar la estrategia en escuelas de todo el país.
Chedraui detalló: “A partir del mes de agosto, todas las escuelas, o las principales escuelas de primarias, centros escolares, pues van a tener los productos Puebla Cinco de Mayo que permite la SEP, o sea, quitamos comida chatarra, impulsamos los productos Puebla Cinco de Mayo, como las barras”.
Para garantizar la seguridad alimentaria, los productos pasaron por un riguroso proceso de certificación técnica, incluyendo desarrollo de tablas nutrimentales, códigos de barras y empaques autorizados, con apoyo de cámaras especializadas en diseño gráfico.
Actualmente, la marca “Puebla 5 de Mayo” cuenta con un catálogo de 499 productos con sello distintivo oficial, de los cuales 13 ya completaron la validación total de la marca comercial. Más allá de la salud, este programa escolar se perfila como un motor de reactivación económica para las comunidades productoras locales, un ejemplo claro de cómo políticas públicas pueden conectar bienestar social con desarrollo económico justo.
En un país donde la comida chatarra domina los pasillos escolares, esta apuesta poblana no solo es un respiro para la salud de las nuevas generaciones, sino también una invitación a repensar cómo y de quién consumimos.

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