El debate ambiental en Puebla se calienta justo cuando el Gobierno del Estado presenta avances del Cablebús, un proyecto que promete revolucionar la movilidad en la ciudad con un sistema de transporte por cable de casi 15 kilómetros. José Luis García Parra, coordinador de gabinete estatal, salió a defender la obra asegurando que el impacto en el arbolado será mucho menor que en proyectos anteriores, como la Red Urbana de Transporte Articulado (RUTA).
Según García Parra, el Cablebús contempla replantar 77 árboles a lo largo de su recorrido, una cifra que contrasta con los más de 700 ejemplares que fueron talados durante la construcción de las tres líneas de RUTA. Esta comparación no es menor, pues la tala masiva de árboles en la capital poblana generó críticas y preocupación entre colectivos y ciudadanos que hoy observan con lupa cualquier intervención en zonas verdes.
El trazado del Cablebús, que conectará puntos clave como Mayorazgo, el CIS Angelópolis, Parque Juárez, Parque Ecológico, Xonaca, Parque Biblioteca, Amalucan y la zona de los estadios, tendrá una longitud de 14.58 kilómetros. A diferencia de obras viales tradicionales, la infraestructura elevada del Cablebús reduce la ocupación territorial: las estaciones y torres ocuparán apenas el 1.61% de la superficie de los predios involucrados.
Este detalle es clave para entender por qué el gobierno estatal insiste en que el proyecto no solo mejorará la movilidad en corredores congestionados, sino que también implementará medidas de mitigación ambiental para compensar la intervención necesaria.
La comparación con RUTA, que transformó la movilidad poblana pero también dejó una huella ambiental cuestionada, busca posicionar al Cablebús como una alternativa más sustentable y menos invasiva. En un contexto donde la justicia ambiental y la calidad de vida urbana son temas prioritarios para la ciudadanía, este proyecto podría marcar un precedente en cómo se diseñan y ejecutan sistemas de transporte público en ciudades con retos similares.
Así, mientras colectivos siguen atentos a la tala y replantación, el Cablebús se perfila como una apuesta que, al menos en papel, equilibra la urgencia de movilidad con la responsabilidad ambiental. ¿Será suficiente para ganar la confianza de quienes defienden el verde urbano? El tiempo y la vigilancia ciudadana lo dirán.

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