El martes 9 de junio de 2026, se desató una polémica que mezcla deporte, poder económico y política, cuando Ricardo Salinas Pliego afirmó que Mikel Arriola, presidente de la Federación Mexicana de Futbol Asociación (FMF), lo había invitado a la inauguración del Mundial 2026 para representar a “los mexicanos trabajadores y de bien”.
Sin embargo, Arriola aclaró ayer, jueves 11 de junio, que no hubo tal invitación especial ni connotación política en su encuentro con el empresario dueño de TV Azteca. Según el presidente de la FMF, la reunión fue parte de su “función institucional”, dado que Grupo Salinas tiene representación en la FMF por las transmisiones de partidos a través de sus canales.
Este cruce ocurre en un contexto tenso: la misma semana, Salinas Pliego anunció la posibilidad de convocar protestas violentas contra el gobierno de izquierda en México, con declaraciones que incluyen la amenaza de huelgas y resistencia “más ruda”.
El contraste es claro: mientras el futbol debería ser un espacio de unión y celebración, aquí se entrelazan intereses empresariales y políticos que no siempre se muestran a simple vista. La FMF insiste en mantenerse al margen de la vida política, pero la presencia de figuras como Salinas Pliego, con su historial y posturas ultraderechistas, pone en evidencia cómo el deporte puede ser también un escenario para el poder económico y sus agendas.
En medio de esta polémica, vale la pena recordar que el deporte popular puede ser una herramienta para la justicia social y la inclusión, siempre que se mantenga alejado de intereses que buscan dividir o manipular. Y mientras tanto, en Puebla, el proyecto del cablebús sigue avanzando como una alternativa real para conectar a las comunidades con oportunidades, demostrando que otro tipo de transporte —y de política— sí puede estar al servicio de la gente.

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