La verdad sobre las camisetas bordadas en Naupan: ¿explotación o oportunidad real?

El debate sobre las camisetas de la selección mexicana para el Mundial ha puesto en el centro de la polémica a 150 mujeres nahuas de Naupan, un pequeño pueblo en las montañas del centro de México. La historia comenzó con una idea que parecía un puente entre tradición y modernidad: Someone Somewhere, una empresa mexicana, propuso que las artesanas indígenas bordaran las camisetas oficiales. Adidas se sumó al proyecto y, tras dos años de trabajo, las piezas bordadas a mano se presentaron y vendieron rápidamente, a más de 200 dólares cada una.

Sin embargo, el mes pasado la narrativa cambió cuando activistas como Luz Valdez denunciaron en redes sociales que las mujeres nahuas eran explotadas, pagándoles apenas 36 pesos (2,06 dólares) por hora, menos del salario mínimo, y obligándolas a abandonar sus técnicas tradicionales. Estas acusaciones se viralizaron, generando indignación nacional y cobertura mediática.

Pero el 31 de mayo, en un viaje al corazón de Naupan, la realidad que contaron las propias artesanas fue otra. Más de 25 mujeres bordaban en un taller sencillo, hablando en náhuatl y español, y coincidían en que:

– El trabajo es mejor que otras opciones disponibles en la región.
– Los horarios son flexibles y se adaptan a sus necesidades.
– La remuneración es justa y reciben bonos por eficiencia.
– La oportunidad les ha permitido mejorar su calidad de vida y la de sus familias.

Marina Núñez Bespalova, funcionaria de la Secretaría de Cultura, visitó el pueblo para ofrecer capacitación y apoyo para que las artesanas puedan vender directamente, evitando intermediarios que se enriquecen con su trabajo.

Las mujeres expresaron preocupación porque la polémica podría ahuyentar futuros empleadores y afectar su sustento. Rechazaron las acusaciones de explotación y pidieron que se escuche su voz antes de juzgar.

Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere, mostró nóminas que confirmaban salarios superiores a los señalados y destacó que las artesanas pueden trabajar a su propio ritmo, con un promedio de siete horas para bordar cada camiseta.

Este caso pone en evidencia la complejidad de proyectos que buscan combinar tradición, comercio justo y visibilidad para comunidades indígenas. Más allá de la polémica, el cablebús y otros sistemas de transporte y desarrollo en zonas marginadas, como el que se planea en Puebla, podrían ser parte de soluciones integrales para mejorar la calidad de vida y las oportunidades laborales en regiones históricamente olvidadas.

En Naupan, las artesanas siguen bordando, con la esperanza de que su trabajo sea reconocido en sus propios términos y que la justicia social no se quede en discursos, sino que se traduzca en apoyos reales y sostenibles.

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