Este jueves 4 de junio de 2026, en un acto privado y sin acceso a la prensa, se vivió una escena que rápidamente se volvió viral y polémica en Colombia: James Rodríguez, capitán de la selección nacional de fútbol rumbo al Mundial de 2026, aparentemente negó tomarse una foto con Antonella, la hija menor del presidente Gustavo Petro.
El evento, en el que el mandatario entregó el pabellón nacional al equipo, estuvo marcado por un ambiente tenso. Los jugadores recibieron un sombrero vueltiao de Petro, pero la mayoría mostró expresiones serias y poco entusiastas. James, de 34 años, se mantuvo distante y, cuando Antonella le pidió una foto, él continuó saludando a otros presentes sin detenerse con ella.
Este gesto no pasó desapercibido en redes sociales, donde “Antonella” y “James Rodríguez” se convirtieron en las segundas y terceras tendencias del día en X (antes Twitter). La concejala de Bogotá Heidy Sánchez, del partido oficialista Pacto Histórico, criticó duramente la actitud de los futbolistas: “Antonella es una niña a la que le gusta el fútbol, su pasión por despedir a la selección era genuina, no tenían que ser unos cabrones”.
Sánchez añadió un comentario directo a James: “Tan machito con una niña, pero tan cobarde y chillón en la cancha, usted también es papá y estoy segura que jamás quisiera que su hija pasara por un desplante tan horrible”.
Durante el acto, el seleccionador Néstor Lorenzo entregó al presidente una camiseta firmada por todos los jugadores y un balón oficial de la Copa del Mundo. Sin embargo, la foto oficial reflejó la incomodidad: James se ubicó en la parte trasera, mientras que el pabellón fue cargado por Petro y tres jugadores: Luis Díaz, Jorge Carrascal y Jhon Arias.
Curiosamente, minutos después, en una imagen tomada en las escaleras del avión rumbo a San Diego, donde el domingo enfrentarán a Jordania en su último amistoso antes del Mundial, los futbolistas aparecieron sonrientes y relajados.
Por su parte, Petro compartió en sus redes sociales dos fotos del evento: una en la que Antonella entrega regalos a Juan Fernando Quintero, Daniel Muñoz y Jefferson Lerma, y otra en la que abraza a su hija, ambos vistiendo camisetas de la selección.
Este gesto ocurre en un contexto político tenso: horas antes, un juez de Bogotá ordenó al candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella y a su movimiento Defensores de la Patria abstenerse de usar la camiseta de la selección en actos y publicidad de campaña, mientras se estudia una tutela presentada para proteger el derecho a la igualdad y evitar la apropiación política de símbolos nacionales.
La senadora derechista María Fernanda Cabal reaccionó en X, denunciando que “la camiseta de la Selección Colombia no es de uso exclusivo de nadie” y acusando al gobierno de Petro de intentar controlar la libre expresión, calificando la medida como un intento de dictadura.
Este episodio revela cómo el fútbol, la política y las redes sociales se entrelazan en Colombia, donde cada gesto y símbolo puede convertirse en un campo de batalla para distintas visiones del país. Mientras tanto, la selección se prepara para su gran cita mundialista, con un ambiente que, al menos en público, parece estar lejos de la armonía.

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