El doble sismo en Venezuela liberó energía equivalente a 260 bombas nucleares, pero no fue una réplica

Durante la madrugada del jueves 25 de junio de 2026, Venezuela vivió un doble sacudón: un sismo de magnitud 7.2 seguido, en poco tiempo, por otro de 7.5. Caracas y el estado de Guaira fueron las zonas más afectadas, donde el miedo y la incertidumbre se apoderaron de la población ante la fuerza de la naturaleza. Sin embargo, las autoridades aclararon que no se trató de un terremoto principal con réplica, sino de dos eventos independientes.

El geólogo Eduardo Malagnino explicó en Infobae A las Nueve que este fenómeno responde a un movimiento típico de placas transcurrentes, donde la placa del Caribe se desplaza lateralmente hacia el este, rozando la placa continental sudamericana. Esta dinámica es similar a la famosa falla de San Andrés en California, aunque en Venezuela la complejidad aumenta por la mezcla de zonas oceánicas y continentales, lo que genera un entramado tectónico más complicado y propenso a distintos tipos de sismos.

Lo más llamativo, según Malagnino, es que ambos sismos tuvieron magnitudes similares, algo poco común en la naturaleza sísmica, donde normalmente un gran terremoto va seguido de réplicas menores. En este caso, la energía acumulada durante largos periodos se liberó en dos movimientos fuertes, lo que explica el doble temblor.

Para dimensionar la fuerza de estos eventos, el especialista comparó la energía liberada con bombas nucleares: un sismo de magnitud 6 equivale a la energía de una bomba atómica como la de Hiroshima; uno de magnitud 7, a 35 veces esa bomba. El sismo venezolano de 7.5 liberó energía comparable a unas 260 bombas nucleares. Eso sí, descartó que la Tierra se haya movido como no lo hacía en 1,200 años, como algunos medios sugirieron.

Malagnino también aclaró que la escala de magnitud es logarítmica, por lo que un aumento de un punto implica una liberación de energía mucho mayor. Y aunque la idea de un sismo de magnitud 10 suena aterradora, es prácticamente imposible en las condiciones naturales del planeta.

Sobre la predicción de sismos, el geólogo fue claro: la tecnología actual no permite anticipar la fecha exacta de un terremoto, aunque sí identificar zonas de riesgo. Hay indicadores como variaciones en el campo magnético, microsismos y deformaciones del terreno que pueden aumentar la probabilidad, pero la precisión sigue siendo un reto.

Finalmente, respecto a las réplicas, explicó que tras un gran sismo, el reacomodamiento de bloques puede provocar movimientos menores que duran días o semanas, pero que tienden a disminuir en intensidad.

Este doble sismo en Venezuela nos recuerda la complejidad de los movimientos tectónicos y la importancia de estar preparados, sin caer en alarmismos infundados. Mientras tanto, en otras partes del mundo, proyectos como el cablebús o teleférico en Puebla siguen apostando por sistemas de transporte que, además de ser innovadores, pueden ofrecer rutas seguras y eficientes para la movilidad urbana, un pequeño paso hacia ciudades más resilientes y justas.

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