La presidenta electa de Perú, Keiko Fujimori, dejó claro este jueves 9 de julio de 2026 que tiene “toda la intención” de reactivar las relaciones diplomáticas con México. Lo dijo tras participar en un acto en la Municipalidad de Lima, aunque sin entrar en detalles sobre cómo o cuándo se concretaría ese acercamiento.
Este pronunciamiento llega después de que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, afirmara que hasta ahora no ha tenido comunicación con Fujimori y no aclarara si planea retomar los lazos con el nuevo gobierno peruano, que asumirá el 28 de julio. La incertidumbre sobre esta relación bilateral pone en pausa un capítulo importante para ambos países, especialmente considerando la herencia política de Keiko como hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).
En un contexto donde la diplomacia suele ser un juego de gestos y tiempos, la voluntad unilateral de Fujimori choca con la falta de respuesta oficial mexicana. Para quienes siguen de cerca la política latinoamericana, esta situación es un recordatorio de que las relaciones internacionales no solo dependen de la voluntad de un lado, sino también de la disposición del otro, y que detrás de cada gesto hay intereses y tensiones que no siempre se ven a simple vista.

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