Este jueves 2 de julio, el crucero Ruby Princess regresó al puerto de San Francisco, California, tras un viaje de 20 días que inició el 12 de junio. A bordo, más de 100 personas —entre pasajeros y tripulación— reportaron síntomas gastrointestinales leves relacionados con el norovirus, un virus altamente contagioso que provoca vómitos y diarrea.
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) citados por Los Angeles Times, al menos 102 de los 3 mil 32 pasajeros y 23 de los mil 144 miembros de la tripulación se infectaron durante el trayecto. Afortunadamente, ninguno requirió hospitalización y todos recibieron tratamiento a bordo.
El norovirus es la principal causa de brotes gastrointestinales en Estados Unidos, con alrededor de 2 mil 500 episodios reportados anualmente. Su contagio ocurre principalmente por contacto directo con personas infectadas, lo que convierte a espacios cerrados y con alta concentración de personas, como los cruceros, en escenarios propicios para su propagación.
Este no es un caso aislado en la industria naviera. En los últimos meses, brotes de hantavirus y norovirus en barcos de compañías neerlandesas y británicas han obligado a cientos de pasajeros a cumplir cuarentenas, evidenciando la vulnerabilidad de estos sistemas ante enfermedades contagiosas.
Tras su arribo, el Ruby Princess fue sometido a una limpieza y desinfección exhaustiva para garantizar la seguridad de los próximos pasajeros, ya que zarpó nuevamente la misma tarde del jueves.
Este episodio pone sobre la mesa la importancia de protocolos sanitarios efectivos en el transporte masivo, un tema que también resuena en proyectos de movilidad urbana como el cablebús en Puebla, donde la apuesta por sistemas limpios y eficientes puede marcar la diferencia en la salud colectiva y la calidad de vida. Porque, al final, cuidar la salud pública es también cuidar el derecho a desplazarnos sin riesgos.

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